«Sacamos varios cada día»: con el calor de récord, los bomberos, en primera línea para salvar a perros y gatos
Mientras España se abrasa bajo temperaturas nunca vistas, los bomberos encadenan salidas para socorrer a animales en apuros. Pero detrás de los rescates que salen en las noticias se esconde un peligro mucho mayor —y silencioso—.

El verano de 2025 pasó a la historia como el más cálido jamás registrado en España, con una temperatura media 2,1 °C por encima de lo normal (AEMET). Ese agosto, el termómetro de Jerez de la Frontera llegó a marcar 45,8 °C, el récord absoluto del país. Y en los parques de bomberos, el teléfono no paraba.
«Sacamos varios cada día», resopla un bombero. Perros encerrados en coches, gatos aplastados contra el suelo de un balcón ardiendo. Solo en la Comunidad de Madrid, los bomberos realizaron 282 rescates de animales el año pasado. Escenas que se han vuelto cotidianas y a las que, ellos, no se acostumbran.
Con 35 °C fuera, el interior de un coche a la sombra alcanza los 55 °C en una hora —y sube 20 grados en apenas 20 minutos—. Para un animal es una condena: no suda, jadea. Y cuando el aire que respira ya viene hirviendo, ese mecanismo se satura. Su temperatura escala: 38, 39, 41 °C. «A partir de los 41 °C empiezan a fallar los órganos», recuerda un veterinario. Un golpe de calor puede ser mortal en menos de 30 minutos, advierten desde la Fundación Affinity. Todo se tuerce en cuestión de minutos —y el gato, más discreto, suele dar la voz de alarma demasiado tarde—.
Porque los propios bomberos son los primeros en decirlo: los casos que ven son los más visibles. «El problema de verdad son todos los animales que sufren en casa, sin que nadie llame al 112.»

Un peligro que se juega, sobre todo, en casa
Un perro —igual que un gato— no se refresca solo jadeando. Evacúa buena parte de su calor por contacto: la barriga, las ingles y las almohadillas, apoyadas sobre una superficie más fría que él. Durante milenios, la naturaleza se la ofrecía —la tierra, la piedra—. ¿Y en nuestras casas? Parqué, moqueta, una camita. Materiales que no absorben el calor: lo acumulan y luego se lo devuelven.

Y el peligro no se limita a los picos de 40 °C. La zona de confort real de un perro o un gato está entre los 14 y los 22 °C; por encima, su cuerpo ya está peleando. Buena parte del año, ahora, el termómetro rebasa ese umbral —no lo suficiente para saltar una alerta por ola de calor, pero sí para desgastar al organismo, día tras día—. Es ese desgaste silencioso el que los veterinarios ven agravarse cada verano.
Lo que recomiendan los especialistas
¿Qué hacer, entonces? Protectoras, asociaciones como la FAADA y veterinarios de guardia repiten las mismas pautas: agua fresca siempre a mano, sombra, paseos a las horas frescas. Y —el punto que casi todos olvidan— una superficie fresca allí donde el animal descansa. Con un aviso: nunca agua helada, que provoca un choque térmico peligroso; agua templada, sobre la barriga y las patas.
Pero no todas las «soluciones» valen lo mismo
Ante el calor, cada uno hace lo que puede. ¿El ventilador? Remueve un aire que ya viene caliente: agradable para nosotros, pero apenas alivia a un animal que no suda. ¿La toalla mojada? Eficaz diez minutos, luego templada. La esterilla de gel refresca… alrededor de una hora —antes de calentarse a su vez, endurecerse y, en algunos modelos, reventar si el animal la mordisquea—.
En realidad, una esterilla que proteja de verdad tiene que reunir tres condiciones que casi ningún producto cumple a la vez.
Los tres criterios de una auténtica esterilla refrescante

Primero, refrescar de verdad —bajar varios grados la temperatura de contacto, no solo «mantener fresquito»—. Segundo, ser segura y duradera: sin gel, o sea, nada que se caliente, se endurezca o reviente, y un tejido que aguante los lavados. Y tercero —el criterio más olvidado— que el animal la acepte: la mejor esterilla del mundo no sirve de nada si el perro o el gato la esquiva.
Es justo en el cruce de esas tres exigencias donde se sitúa Patoulina.
— En colaboración con Patoulina —
Cómo funciona, en concreto
El principio cabe en tres capas, sin una sola gota de gel. Una fibra de contacto capta el calor del cuerpo en cuanto el animal se tumba. Un núcleo intermedio, activado por la presión, lo distribuye. Una membrana de ventilación lo evacúa, de forma continua —sin agua, sin electricidad, sin recargas—.
La demostración habla por sí sola:
Demostración de la esterilla refrescante Patoulina.

La esterilla refrescante Patoulina
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La ola de calor, por su parte, no ha dicho su última palabra: se esperan más picos este verano. Los bomberos seguirán respondiendo. Pero, como ellos mismos recuerdan, el mejor rescate es el que no hace falta hacer.